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Polarización política y social Las movilizaciones llenan las urnas y toman las calles

Polarización política y social

Las movilizaciones llenan las urnas y toman las calles

En tiempos de la segunda oleada del coronavirus estamos conociendo la aceleración de procesos políticos, sociales y electorales en el ámbito internacional, lo que señala una fuerte tendencia a la polarización. ¿Qué es eso de la polarización? Se trata en ciencias sociales de una expresión que viene a explicar los procesos de formación de todo tipo de antagonismos entre las clases sociales fundamentales. Más de una vez hemos leído en la prensa escrita de estos días que el coronavirus ha venido a favorecer a la burguesía y perjudicado a los trabajadores en todos los terrenos. En ese sentido la pandemia, y la crisis económico/social consiguiente, han venido a agudizar la polarización social en general, abriendo importantes crisis políticas en un buen número de países. La agravación de la desigualdad económica, la precariedad, el despido de millones de trabajadores y la inseguridad en términos de salud pública constituyen, de hecho, una nueva situación, cuando nadie sabe cuándo se podrá cerrar el paréntesis abierto por la irrupción de la pandemia.

Ejemplos de polarización sobran, pero merece la pena destacar la victoria obrera y popular que ha dado la mayoría absoluta a las candidaturas del MAS en las elecciones generales de Bolivia, contra el gobierno del golpe y sus partidarios, o la masiva respuesta del pueblo de Chile para acabar con lo que queda de la Constitución-legado de Pinochet,  abriendo un proceso constituyente soberano. Dos  ejemplos de la situación internacional, cuya tendencia ha sido la agravación de la situación a través de la polarización social y política. Otras veces, esta polarización se concentra sobre las principales organizaciones políticas, como es el caso de lo que sucede en el partido laborista británico, donde los sectores vinculados a las políticas más agresivas del imperialismo y del sionismo, como es el caso del ex primer ministro T. Blair y sus aliados (conocido amigo de la casta corrupta española, tanto de Aznar  como de Felipe González). Blair, como agente encubierto del sionismo internacional, ha utilizando las ONGs como grupos de presión para tratar de destruir al diputado Jeremy Corbyn con falsas acusaciones de antisemitismo, procediendo a la suspensión de sus actividades representativas. Tratan con ello  de desestabilizar una las principales bases organizadas del socialismo internacional, la del movimiento “Momentun”, organizado en torno al equipo de Corbyn en el Partido Laborista. Los que empujaron a los ejércitos imperialistas a la invasión de Irak, y aplauden los crímenes del Estado de Israel contra el pueblo palestino, ahora buscan la desestabilización del ala izquierda del Partido Laborista, facilitando las políticas de miseria que vienen a aplicar los conservadores  incapaces de negociar el Brexit con la burocracia de Bruselas.

 Las recientes elecciones 2020 en EEUU son un ejemplo de libro de polarización política y social, que ha puesto el país en una situación conflicto permanente, condicionando sus resultados con un largo recuento electoral, que puede  agravar todos los procesos de crisis. ¿Qué está pasando en los EEUU? La polarización de la sociedad norteamericana, entre la oligarquía financiera de Wall Strett y la mayoría social, es un hecho que se ha expresado, de una parte, con las grandes movilizaciones de colectivos afrodescendientes contra la violencia policial que ha provocado varios asesinatos; y de otra, con la aparición de partidas armadas del supremacismo blanco en apoyo a las exigencias  de Trump de “ley y orden”, tratando de barrer de las calles toda demanda social y democrática.

Las elecciones de 2020 han venido a confirmar la división social y política, y  el enfrentamiento a todos los niveles. Comenzando por el hecho de que en las elecciones se ha conocido las más alta participación de los últimos 100 años, habiendo participado alrededor de 157 millones (100 de ellos mediante voto adelantado o por correo); alcanzando una participación nunca conocida del 65,7% de la población; convirtiéndose así las elecciones en un gran acontecimiento histórico de lucha de clases que ha puesto al trumpismo en el disparadero. Los votantes se han expresado mayoritariamente contra Trump sin dar aval alguno a ninguna otra política. El resultado es aún incierto, aunque la ventaja corre a favor del demócrata Biden que, pese a no haber despertado ningún entusiasmo con su candidatura, saca más de dos millones de votos a Trump, y es quien tiene más posibilidades de reunir los 270 compromisarios necesarios para proclamarse presidente de los EEUU. A pocas horas del cierre de los colegios electorales, y cuando se estaba procediendo al recuento de votos, viendo Trump que el voto masivo le podía echar de la Casa Blanca, se autoproclamaba vencedor por anticipado de las mismas; y para más inri, lanzaba la provocación de denunciar la existencia de fraude electoral, reclamando la intervención del Tribunal Supremo, a la espera de que los jueces le den el poder que no ha conseguido en las urnas. La impugnación de las elecciones le ha llevado a la movilización de milicias armadas para tratar de impedir el recuento de votos. Múltiples manifestaciones tomaron las calles de las principales ciudades contra las provocaciones de Trump al grito de “No dejemos  que Trump  robe las elecciones”.

Las tentativas por presentar las elecciones norteamericanas como una guerra entre demócratas y fascistas no se corresponden con la realidad. En las elecciones se han puesto sobre la mesa las contradicciones del capitalismo imperialista norteamericano y su decadencia imperialista como gendarme mundial. La mayoría  social nada tiene que ver con las políticas de los dirigentes de los dos  grandes partidos, que no representan las aspiraciones de la inmensa mayoría de la población, y que niegan la autodeterminación del pueblo negro contra las formas de esclavitud y de racismo.

El trumpismo internacional, con representación en numerosos países del mundo, puede perder con las elecciones  2020 el principal punto de apoyo para sus políticas que tenía en la presidencia de los EEUU.

La ofensiva del pueblo negro y de los emigrantes latinos, que arrastra a sectores cada vez más amplios de la población, constituye el fondo de una nueva oleada de militantes y cuadros que buscan una salida política en una situación de profunda crisis que ha debilitado todos los resortes del poder político e institucional. Los socialistas norteamericanos (y los  británicos en defensa de J. Corbyn) tienen ante sí la necesidad de actuar en el ámbito nacional e internacional de acuerdo con la comprensión de la nueva situación, con la bandera de la independencia política necesaria  para poder expresar las aspiraciones sociales y políticas de los trabajadores y sectores populares, que están en las calles reclamado cambios sociales sustanciales.

El senador socialista Sanders y sus partidarios, que en la precampaña electoral han reagrupado a un buen número de militantes y jóvenes, para terminar  apoyando la candidatura de Biden, tienen sobre sus hombros la responsabilidad  política de preparar las condiciones organizativas y de una salida en positivo para la mayoría que, ponga por delante las reivindicaciones sociales y democráticas, que se oponga a la guerra imperialista, acabando con los inmensos gastos militares sobre los que parasitan buena parte de los grandes negocios .

ESPACIO INDEPENDIENTE

(grupo de trabajo y análisis cuyos miembros son militantes del PSLF)

  • Nov. 5, 2020, 12:13 p.m.

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