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¿Más de lo mismo?

Espacioindependiente nº 312, jueves 27 de junio, 2019 https://elespacioindependiente.wordpress.com/:f:info.espacio.independiente

 

¿Más de lo mismo?

El continuismo no merece confianza

Tras su relativa victoria -minoría mayoritaria- en las Elecciones Generales del 28 de abril, Pedro Sánchez se mostró seguro en que si, como era de prever, las posteriores elecciones municipales y autonómicas se montaban sobre la misma ola favorable y confirmaban la recuperación del voto “útil” en favor del PSOE, frente al fantasma y amenaza reaccionaria de las derechas, nadie pondría en cuestión que se alzaba como la única alternativa de gobierno viable. Y, al mismo tiempo, “confiable”; puesto que, más allá de los exabruptos descalificadores lanzados contra él por sus oponentes durante la campaña electoral, como peligroso cómplice de izquierdistas e independentistas, había puesto todo su empeño en mostrarse como el único candidato comprometido con la continuidad del marco constitucional e institucional vigente.

La imagen cultivada durante la campaña, de líder “responsable y moderado” entre ambos “extremos”, y con mayor sentido de Estado que el resto (enfrascados en la pugna por el ranking del más ultra y sectario), y los propios resultados electorales con una derecha más dividida y dislocada, ha hecho que tanto los poderes económicos y sus instrumentos mediáticos como las instituciones de la Corona, terminen por aceptar que no cabía mejor opción, en la actual coyuntura, que articular la gobernabilidad del país sobre el eje de un nuevo gobierno de Pedro Sánchez, aunque hipotecado en su desempeño y programa de acción. Así lo estimó el propio monarca confiándole sin dilación la formación del nuevo gobierno.

¿Sobre qué política? En realidad, ese programa, más allá de generalidades y frases ambiguas, nunca fue desvelado en sus aspectos fundamentales durante los juegos florales de la campaña electoral. Sin embargo, Pedro Sánchez se apresuró a someterlo a la aprobación de Bruselas a través de dos documentos, “Agenda de cambio” y “Programa de reformas”, cuyo contenido no se ha hecho público, pero no hace falta ser un lince para asegurar que, siguiendo las advertencias explícitas de la propia Comisión Europea y del Banco Central Europeo y buscando su bendición, se pliega, una vez más, a las nuevas exigencias de recortes en el gasto público y más austeridad, poniendo como prioridad el pago de la deuda y los compromisos internacionales, como es el caso de los requerimientos de Trump de mayor contribución al gasto militar y compromisos de la OTAN.

Sin embargo, a día de hoy, nada asegura que las pretensiones de Pedro Sánchez y deseo de la Corona, para tener cuanto antes un gobierno que garantice estabilidad y continuidad de los intereses concertados en torno a ella, tenga fácil y pronta solución. La opción prioritaria, declarada ya públicamente, de buscar apoyos para su investidura entre la derecha “constitucionalista”, a la que todos llaman a la responsabilidad, sigue chocando con el demagógico enroque de todas sus representaciones, con la cínica referencia al “no es no” de antaño por parte del propio Pedro Sánchez. Las reiteradas presiones de los representantes de la Banca y del Ibex35, a través de una intensa campaña mediática, sobre Ciudadanos para que cambie de posición, y favorezca un “gobierno de centro y moderado”, no parece que por el momento puedan tener más éxito del logrado hasta ahora. Las inercias son difíciles de cambiar de un día a otro.

Por su parte, Podemos, obcecado en pactar un gobierno de “coalición” o “cooperación” y los cargos que le corresponderían por su peso parlamentario, antes de hablar siquiera sobre qué programa y medidas concretas se constituiría dicho “gobierno de progreso”, también declara estar dispuesto a llevar hasta el límite su pulso para salvar su pérdida de presencia política y territorial con una participación, por menguada que sea, en un gobierno que, con toda probabilidad, estará obligado por la debilidad e hipotecas de inicio, a tomar medidas que nada tienen que ver con las demandas sociales y aspiraciones democráticas de la mayoría. Hablan de prolongar el pulso hasta septiembre y, unos y otros, dicen no descartar ir a nuevas elecciones, que tampoco servirían para resolver el bloqueo actual, a no ser con mayores claudicaciones de algunos de los contendientes.

Los actos que en estos días ha convocado Unidas-Podemos para buscar el respaldo de distintos colectivos y movimientos sociales a su insistencia en formar parte del gobierno para “garantizar”, según dicen, el cumplimiento de sus reivindicaciones, difícilmente pueden encontrar un apoyo serio y decidido a un presunto programa de gobierno que está por hacer. No se puede vender constantemente humo. Como por experiencia sabemos, en aras del “consenso” en el reparto de poder, su coste suele llevar aparejadas renuncias fundamentales en el terreno social y democrático. No es ese acuerdo el que pretendían con su voto esa mayoría que, efectivamente, quiso parar a las derechas y sus planes descarados, “sin complejos”, de regresión política y social.

Nadie puede ignorar la trascendencia política de una muy cercana posición de “gobierno” (que deberá adoptar el que llegue a configurarse), sobre la previsible condena de los representantes del soberanismo catalán. Una sentencia, de otra parte, formulada por un Tribunal Supremo que ha hecho ostentación reciente de su índole franquista y de actuar de forma escandalosamente prevaricadora -como han denunciado incluso algunos expertos de Derecho Constitucional- para negarles de antemano derechos que les corresponden como electos democráticamente elegidos. ¿Cuál será la posición de un “gobierno de coalición” que no la haya definido previa y explícitamente?

Para los millones sumidos en la precariedad y la pobreza, con salarios y pensiones de miseria, para los miles de desahuciados sin “alternativa habitacional”, para la mayoría que sigue sufriendo los recortes en sanidad y educación, la degradación y privatización de los servicios públicos, la negativa declarada del actual gobierno en funciones para echar atrás el cúmulo de contrarreformas laborales y sociales, de dar salida a las exigencias basadas en el derecho democrático a decidir, a la justicia y reparación de las víctimas del franquismo … sí tendría sentido un gobierno que se constituyera sobre el compromiso con un programa claro que avanzara en soluciones y medidas que den satisfacción a esas “prioridades” democráticas y sociales. De lo contrario, que no pidan la ciega fe del carbonero.

  • June 27, 2019, 11:37 a.m.

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