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Más crisis, más guerra…

 

Espacioindependiente nº 476, jueves 22 de septiembre, 2022

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Más crisis, más guerra…

El mundo está en peligro y paralizado

 

En la Asamblea General de Naciones Unidas no se ha podido, por más tiempo, seguir   ocultando la realidad de la grave situación en la que vivimos. En el discurso de apertura del debate de la Asamblea General de la ONU por parte de su Secretario General, el portugués António Guterres ha puesto la alarma general encima de la mesa: “El mundo está en peligro y paralizado”. Apreciación de la grave situación mundial en la que vivimos, que ha sido expresada por una persona que conoce muy de cerca los principales acontecimientos mundiales que se han combinado con un resultado de crisis total.

Crisis y guerra, guerra y crisis. Para Guterres la situación mundial está presa en el marco de estas expresiones, de las que se deriva la inseguridad generalizada por la quiebra de las relaciones entre las grandes potencias y, sobre todo, por la hambruna que se extiende como una mancha de aceite sobre el mundo, y no solamente sobre África, conllevando la destrucción económica y del medio ambiente con sus consecuencias fatales en el cambio climático.

En su discurso sobre el mundo, Guterres vino a predecir lo que se repite en todas partes de una u otra forma: “Hay un invierno de descontento global en el horizonte”. Sus palabras predecían de alguna manera la tercera subida consecutiva de los tipos de interés del dinero decretada por la “Reserva Federal Norteamericana” (esa cueva de ladrones y grandes millonarios que maneja las finanzas mundiales con el FMI y el Banco Mundial). Subida que empujará automáticamente a todos los bancos centrales del mundo al encarecimiento del dinero y, en consecuencia, de todos los productos; echando más leña al horno de la inflación y la especulación, volviendo a colocar la Deuda Pública y el impago de las hipotecas en el centro del terremoto económico.

Hablando del precio del dinero y del encarecimiento de la vida, Guterres no fue capaz de poner al descubierto la guerra económica desatada entre las grandes potencias y señores de la guerra y, como consecuencia, de la agudización del conflicto para la apropiación de la plusvalía mundial. Por ello, son los EEUU los que llevan la iniciativa para tratar de impedir el descenso de la tasa de ganancias de los capitales, que es una de las razones de la existencia misma de la Reserva Federal en estos momentos.

 El Secretario General de la ONU, que no quiso desvelar el origen capitalista e imperialista de la crisis total, no se cortó ni un pelo a la hora de describir sus efectos inmediatos: “La confianza se desmorona, las desigualdades se disparan, el planeta arde, la gente sufre, y quienes más lo hacen son los más vulnerables”. La ONU, que tiene como misión velar contra las políticas de hambre y desigualdad, contra la guerra, pone de relieve su total impotencia; en tanto que son las principales potencias económicas y militares del mundo las que controlan y dominan el organismo, las que protagonizan el sabotaje económico y el enfrentamiento militar.

En teoría, la comunidad internacional, que la ONU dice representar, debería haber tomado hace tiempo medidas que no puede tomar. “La comunidad internacional tiene la obligación: de actuar” dice el Secretario General de un organismo que es incapaz de tomar iniciativas; y explica desde el estrado de la Asamblea General que “estamos bloqueados en una disfunción global colosal”, ocultando la responsabilidad, en primer término, de la gran potencia mundial, el gendarme imperialista mundial de los Estados Unidos de Norteamérica, sin atreverse a nombrarla. Subrayando, sin embargo, que “ninguna potencia ni grupo pueden tomar las decisiones por sí mismos. Ningún gran desafío global puede solucionarse por una coalición de países dispuestos a actuar”. Palabras con las que se describe, sin nombrarla, la alianza de países para la guerra que representa la OTAN, y sus extensiones en el mundo entero.

La guerra de Ucrania, que para Putin ya es también una guerra y no una “operación especial”, fulmina los cimientos sobre los que se sostiene el sistema internacional. La agudización de la guerra, provocada por las medidas tomadas por los jerarcas ucranianos y rusos, que se niegan a sentarse a la mesa para encontrar en la negociación la solución de paz, tiene como tercero en discordia a los oligarcas de los EEUU y sus aliados de la OTAN.

Ante el estancamiento del conflicto, en Moscú llaman a la movilización general para reclutar las tropas necesarias, poner los recursos financieros y las armas que antes contenía. Amenaza, de nuevo, a los EEUU y sus aliados con una guerra nuclear si siguen interviniendo, financiando y armando al ejército ucraniano y, en definitiva, utilizando a los ucranianos como carne de cañón. Decisión que ha provocado de manera inmediata   movilizaciones de protesta en las calles de las principales ciudades de Rusia contra la guerra y el empeoramiento de las condiciones de vida. La represión policial no se ha hecho esperar con miles de detenciones. La fuga de personas que podrían ser movilizadas para la guerra de Ucrania ha provocado una verdadera estampida que ha bloqueado las estaciones, puertos y aeropuertos.

El Secretario General de la ONU, aún antes de la toma de estas decisiones por Moscú, ya había manifestado: “La guerra ha desencadenado una destrucción generalizada, con violaciones de los derechos humanos. Los informes sobre las tumbas halladas en Izium son extraordinariamente inquietantes”.

La salida de grano de Ucrania, pactada entre las partes en conflicto y los que están detrás del mismo, es la prueba práctica de que se puede reunir una mesa de negociación por el alto el fuego inmediato. Parar la guerra de Ucrania es parar los planes del imperialismo. Hay que volver a la movilización contra la guerra, y en nuestro caso, que tenemos el enemigo principal dentro, contra la OTAN y las bases norteamericanas.

Es preciso establecer la relación directa que hay entre guerra y recesión, entre guerra y miseria. Por eso hay que defender en unidad la subida general de salarios y pensiones; extender la oposición a las privatizaciones de las pensiones, la sanidad, la educación; exigir la anulación por las Cortes Generales de los crecientes gastos en armas, la retirada de tropas que acosan a Rusia y de las que ocupan Ucrania.

El 15 de Octubre, con la movilización y marcha general a Madrid, hay que hacerlo posible.

 

 

         

  • Sept. 22, 2022, 11:59 a.m.

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