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La encrucijada política

La encrucijada política

Combatir el giro a la derecha con el reagrupamiento y la movilización republicana

 

La guerra de la OTAN y también de Putin; el estancamiento económico y la enfermedad económica de la inflación; esos presupuestos y leyes que no solucionan los problemas… Todo ello forma parte de un gran paquete de cuestiones que desestabilizan todos los equilibrios establecidos.

Valga, entre otros ejemplos, el del curso político de Inglaterra de nuestros días. Hablamos de uno de los países más estables, donde el turnismo político entre conservadores y laboristas había llegado a dar cierto equilibrio al imperio decadente. La pérdida de sus colonias y el intento de mantener sus privilegios internacionales llevó a Inglaterra, de una parte, a instaurar una nueva política y un nuevo marco de relaciones internacionales con sus ex colonias; al tiempo que establece una relación cada vez más dependiente de los EEUU. A la muerte de Isabel II, países de la Commonwealth como Nueva Zelanda y Barbados muestran por primera vez su repudio por la corona británica.

Las relaciones británico-norteamericanas, que supuso el fin del imperio de la libra en beneficio del imperio del dólar, llevaron a la cristalización de los principales mecanismos de las regulaciones financieras y de las instituciones que se encargaron del control internacional del capital después de la Segunda Guerra Mundial. Gran Bretaña ha ejercido, en la práctica, la representación de este bloque imperialista anglosajón en la Unión Europea y en la OTAN, y ello hasta la crisis y ruptura que supuso el Brexit. La ruptura con la Unión Europea, cuando la productividad británica quedaba muy por debajo de Alemania y Francia, combinaba varios movimientos, conduciendo al momento en el que la desestabilización política y económica gana terreno en todos los aspectos, y la que en otros tiempos fue la poderosa libra esterlina ha perdido cerca del 30% de su valor, a través de la cual se estableció durante mucho tiempo la Deuda, la Deuda imperialista. Ahora, el Banco de Inglaterra anuncia que va a intervenir para comprar deuda del Estado “para restablecer las condiciones normales de mercado y reducir cualquier riesgo de contagios de las condiciones de crédito para ciudadanos y empresas”. Con ello se propone actuar sobre la descomposición de la misma corona británica.

La intervención del Banco Central se lleva a cabo días después de que la primera ministra conservadora, Liz Truss, pusiera en marcha la mayor bajada de impuestos desde 1972, que vino a provocar la reacción en cadena en el mercado de valores y de capitales. Se materializaba de esta manera el anuncio de una recesión con todas sus consecuencias, como es el hecho de sufrir el déficit comercial más grande de su historia. El ardor guerrero de la corona británica en la guerra de Ucrania es un síntoma más de su decadencia, en el marco de su dependencia de la política, como corona gregaria, de los EEUU.

En toda Europa se resiente el estancamiento y el caos político e institucional. Los famosos fondos europeos, que pretenden la recuperación de la economía tras la crisis de 2008 y el Covid, no están sirviendo sino para financiar grandes empresas sin trabajo, sin pedidos o con falta de materiales para seguir un ritmo normal de trabajo. Los “hombres de negro” de la Unión Europea visitan los principales países tratando de saber a dónde van a parar los millonarios recursos que han comprometido, 160.000 millones en el caso de España. En sus estancias en España, los “hombres de negro” han tenido reuniones con empresarios y sindicatos, y con el Ministerio de la Seguridad Social, insistiendo en que se lleve a término la contrarreforma de las pensiones para que sean controladas por los bancos, un ultimátum que condiciona toda la política del gobierno de coalición. Bruselas exige también medidas de control del dinero comunitario enviado, control que está en manos de una entidad privada.

Los fondos europeos y el plan de recuperación empujan a un carrusel de reuniones del gobierno central con las autonomías ante la presión europea, mientras que se desarrolla una verdadera guerra fiscal de todos contra todos. Pero lo que se discute en todas sus variantes no va más allá del 1% de la fiscalidad; de una fiscalidad contraria a la igualdad y a la democracia, por la que pagan más los que menos tienen y menos cobran, en un verdadero paraíso fiscal para los grandes capitales. Una tormenta en un vaso de agua acompasada por los medios de comunicación, y mediante la que unos y otros, que comparten el sostenimiento de la monarquía, preparan ya el curso preelectoral.

Los mismos presupuestos generales del Estado recién presentados se mueven en este terreno indefinido, condicionados por leyes como la de la vivienda, la reforma fiscal, la ley de movilidad sostenible, o el remate privatizador de las pensiones públicas que cocina el ministro Escrivá, uno de los ministros más ligados a los planes privatizadores de la banca.

Todo lo que se dice y se hace tiene un tinte preelectoral. Donde, de una parte, se presta más atención que nunca a los próximos comicios encadenados, mediante las diversas encuestas electorales, y de otra, se estudia a fondo las elecciones generales más recientes en Europa, las de Suecia e Italia que han llevado a las derechas al poder.

El diario francés “Le Monde” publicaba un informe sobre este fenómeno: “¿Por qué votan los pobres a la derecha? ¿Por qué los partidos de izquierdas, que predican la redistribución, no se benefician del incremento de las desigualdades?

De manera material y práctica se puede apreciar una tendencia política bastante general consistente en el rechazo a los que han gobernado durante décadas y, lejos de resolver los problemas sociales, los han agravado. Los obreros británicos castigados por la austeridad y las políticas de la Unión Europea fueron decisivos para que el referéndum del “Brexit consolidase la ruptura con la Europa de Bruselas. Dicho rechazo combina la abstención de los barrios y pueblos obreros con el rechazo instintivo a años y años de políticas de colaboración de clases. Los giros políticos a la derecha a los que asistimos responden a cambios objetivos de la situación, y a la política de quienes tienen la dirección de los sindicatos y partidos. Y responden al hecho de que los gobiernos, de uno u otro color, promueven la aplicación de las mismas políticas con muy ligeras variantes.

El giro político a la derecha al que estamos asistiendo no es irremediable. Todo depende del reagrupamiento y de la movilización de la mayoría, dando las respuestas políticas necesarias a los problemas sociales. La próxima prueba es la marcha a Madrid contra la privatización de las pensiones. Sin establecer el necesario cuadro político e institucional que permitiría salvar las pensiones es imposible reagrupar, ayudando a la más amplia movilización, para derrotar las políticas de privatización de todo lo público que impone la Unión Europea. Y ese cuadro político no es otro que el de unas Cortes que, teniendo mayoría política para romper con las privatizaciones, no se sometan a ellas. Reagrupamiento y movilización de ruptura con la monarquía, por unas Cortes soberanas y constituyentes, estableciendo un gobierno basado en la libre expresión de la voluntad popular. Cambio político necesario que no puede ser otro que el de la monarquía corrupta por la República.   

ESPACIO INDEPENDIENTE / PSLF

  • Oct. 6, 2022, 12:57 p.m.

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