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¿Cuál es la puerta de salida de la crisis?

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¿Cuál es la puerta de salida de la crisis?

Movilización inmediata por subidas salariales de acuerdo al IPC

 

La singularidad de la crisis general que vivimos nos obliga a pensar y repensar acerca de la solución de los problemas, de la salida a la crisis. Quienes gobiernan el mundo, con la espada de la explotación y la guerra, son los primeros que muestran su impotencia y no dudan en señalar que no encuentran, a su entender, salida alguna a la catástrofe a la que han conducido sus mismas políticas. Los mandatarios de los principales países del mundo participan en primera línea en esta gran confusión.

La inestabilidad de los gobiernos en Gran Bretaña es todo un síntoma de la crisis global: en pocos meses se han sucedido en Gran Bretaña tres gobiernos conservadores, todos ellos pisan moqueta y el recinto del poder hablando de la toma de medidas difíciles, pero con inusitada rapidez a todos se los come la crisis. El novísimo primer ministro, Rishi Sunak, se pone como los que le precedieron incondicionalmente al servicio de la corona y del gran capital; habla de errores de los anteriores gobiernos de los que también fue ministro, sin encontrar la solución necesaria a dichos errores. Hablan solo de “errores” y no de soluciones. Abundan en un relato según el cual se cometieron errores, que “no fueron fruto de la mala voluntad… y sé que he sido elegido líder de mi partido y vuestro primer ministro, en parte para corregir esos errores de modo inmediato”. Propósito que no es sino mero formalismo, porque en realidad, por sus primeras expresiones, no propone salida ni solución alguna. Es lo mismo una y otra vez, como lo hicieron los demás primeros ministros que le antecedieron en el cargo, hablando de “decisiones difíciles” por el panorama internacional: “Ahora mismo nuestro país se enfrenta a una profunda crisis económica, las postrimerías de la covid siguen ahí y también la guerra de Putin en Ucrania. Todo esto ha desestabilizado el mercado energético y las cadenas de suministro en todo el mundo”. Palabras que podían también definir la situación por la que pasan otros muchos países de Europa y del mundo, comenzando por nuestro propio país que, con mayoría de representantes políticos que se reclaman de la democracia, negocian unos Presupuestos que no hacen frente a la penuria y protegen los intereses de los grandes capitales.

La apreciación que hacen de la realidad política y económica no es sino una gran excusa para no devolver la palabra al pueblo, para que sea éste el que pueda tomar las decisiones necesarias. Bloquean la convocatoria de elecciones generales en Gran Bretaña, en tanto que los conservadores no podrían mantenerse en el poder; volviendo una y otra vez a dividirse y subdividirse ante la falta de respuestas y salidas a la crisis.

La primera ministra italiana, en su primer discurso en el Parlamento, no es capaz de ir más allá que el británico. Meloni, hasta el día de ayer entusiasta de Benito Mussolini, viene a negar públicamente sus antecedentes y propósitos políticos, así como de los de la coalición de partidos derechistas que representa. Afirma con descaro que “nunca ha tenido simpatía por ningún régimen antidemocrático, fascismo incluido”. Abraza, como quien se agarra a un clavo ardiendo, la fe otanista que promueven los mandatarios de la Unión Europea. Y comienza la primera ministra italiana por decir que “la situación difícil en la que se encuentra Italia no permite perder el tiempo”. Por ello, anuncia la próxima recesión sin más preámbulo, para acogerse a los fondos económicos europeos.  Fondos europeos que cada país ha de devolver en forma de pago de una deuda pública, que a todas luces parece impagable. Y no solo para Italia, sino para otros muchos países, comenzando por el nuestro que alcanza una deuda próxima a un billón quinientos mil millones.

Tan sombrío como todo lo anterior es la relación actual de los principales países de la Unión Europea, empezando por la relación entre Alemania y Francia. El eje franco-alemán no pasa sus mejores momentos con la recesión y la guerra. Cada gobierno trata de atender a sus propios problemas y pierde el sentido de los problemas europeos, que nunca existieron en el sentido de responder a las demandas de trabajadores y pueblos, sino de hacer posible el máximo beneficio del capital. Y ello en el terreno de la mayor competencia conocida entre bloques, dentro de cada bloque y entre todos los grandes países. Los dividen las ayudas al mantenimiento de sus principales industrias, los dividen las inversiones militaristas que les impone la OTAN, que ante todo no busca sino vender los aviones, barcos y armas que producen los EEUU, además del gas.

El gran gasto parasitario que supone el escudo antimisiles, que promueve el gobierno tripartito alemán, divide a la Unión Europea y sus países. El costo de las principales energías, los gasoductos que deberían sustituir a los destruidos de forma terrorista en el norte de Europa, también son causa de discordia y enfrentamiento entre las principales potencias europeas. Los intereses exclusivos de los EEUU, el rendimiento del capital financiero, los grandes beneficios de la banca, de las eléctricas y energéticas … está en el origen de la crisis, pero ningún gobierno ni bloque económico se atreve a decir la verdad: un conflicto que amenaza con convertirse, de más en más, en un conflicto mundial.

La ofensiva de los capitales entre los principales competidores, y sobre todo contra los derechos y conquistas sociales de los trabajadores, va por delante en esta crisis. La Unión Europea, abandonada en manos de la OTAN, azuza la guerra con la confiscación de todo tipo de activos de origen ruso, saqueando todo tipo de propiedades y los miles de millones que albergan los principales bancos occidentales. Se ha celebrado recientemente en Berlín una conferencia internacional para la supuesta reconstrucción de Ucrania cuando acabe la guerra, pero no toman medida alguna para que se negocie un alto el fuego, para que acabe la destrucción y la guerra, solo les importa ver cómo van a confiscar los fondos rusos, la mayoría pertenecientes a representantes económicos y políticos de la casta que gobierna en Rusia, y que los bancos depositarios calculan en unos 500.000 millones de euros.

 El presidente colombiano Gustavo Petro ha venido a echar luz sobre tanto oscurantismo, acusando a EEUU de “arruinar a todas las economías del mundo, tomando decisiones con el objetivo de protegerse a sí mismo ante la crisis”.

La lucha contra la guerra y la explotación se resume en todas partes en la aspiración al socialismo, es decir, en la salida política que representa la expropiación de los expropiadores, estableciendo un poder político basado en la más amplia democracia, que establezca la propiedad social de los principales medios de producción y cambio.

La crisis, con sus primeros efectos contra la mayoría social, es un potente llamamiento a la movilización, a la defensa de las conquistas sociales. Por ello, un movimiento de huelgas y movilizaciones recorre los principales países. La inquietud de los explotados y oprimidos es una realidad, que debe ser ayudada política y sindicalmente para que se convierta en una verdadera fuerza de cambio político y social, que en el caso español demanda República.

En España, quienes gobiernan van a celebrar el 40 aniversario de las elecciones del 28 de Octubre de 1982, que llevaron a los Felipe González y Alfonso Guerra al gobierno de la monarquía, y lo hacen defendiendo las mismas políticas e instituciones. De una parte, van celebrar que todo va a peor en todos los terrenos; de otra, anunciarán la próxima presidencia de la Internacional Socialista -un club de partidarios del capitalismo y la guerra- para el presidente del gobierno, Pedro Sánchez.

La estrategia de los socialistas ante la crisis que recorre el mundo requiere propuestas y soluciones inmediatas. La exigencia de aumento de los salarios y de las pensiones de acuerdo al IPC ocupa el primer plano de la inquietud para millones de familias. El salario mínimo ya no cubre las necesidades mínimas que de acuerdo a la carestía de la vida no puede ser menor de 1.400 euros.      

  • Oct. 27, 2022, 12:46 p.m.

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