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Omicron, o cómo financiar la recesión imponiendo la pobreza

Omicron, o cómo financiar la recesión imponiendo la pobreza

Los gobiernos se disponen con la parálisis económica a un nuevo rescate de los bancos privados y de las grandes empresas

 Ómicron, con esta letra del alfabeto griego se ha venido a dar nombre a la cepa sudafricana que amenaza con prolongar la pandemia del coronavirus que sufrimos desde hace año y medio. Las grandes potencias que dominan las finanzas son las mismas que manejan los hilos de la pandemia, gobernando para los intereses de los grupos de grandes capitalistas, de farmacéuticos internacionales que hacen el agosto.

Desde el año 2000 hemos conocido medidas políticas y económicas que se justificaban con el pretexto de proteger a la población y de facilitar la recuperación económica.

La cepa sudafricana, cuyos efectos aún desconocemos, ha venido a poner de manifiesto -de nuevo- que la desigualdad entre países y entre la población de éstos, es el principal caldo de cultivo de la pandemia. Con la aplicación irregular y desigual de las vacunas, y en medio de una guerra económica de grandes empresas y Estados por hacer los mayores beneficios económicos a costa de la grave crisis, se ha creado un falso escudo que no protege a la población en sus derechos, comenzando por el hecho de que las privatizaciones farmacéuticas y sanitarias no han conseguido sino empeorar la salud pública.

Las grandes potencias han fortalecido sus fronteras para detener la pandemia, cuando la movilidad internacional de la población es imprescindible para la producción y comercialización globalizada, que no se detiene en frontera alguna. En la creencia de que, vacunando solo a su población, pero no a la población vecina, se lograría la inmunidad con medidas que obstaculizasen el libre tránsito internacional. Como si la desigualdad social existente no fuese el impedimento para lograr la inmunidad. Las estadistas ponen de relieve que han sido y son los sectores sociales más desfavorecidos los que sufren, sanitaria y socialmente, las consecuencias de la pandemia, mientras que los más ricos se enriquecen mucho más pese la parálisis económica y comercial o, mejor dicho, gracias a la parálisis económica.

El desequilibrio en la administración de las vacunas en cada país y a escala internacional, entre países desarrollados y países dependientes de las grandes potencias, es el que fomenta la continuidad de la pandemia, causando una nueva alarma internacional a la que la OMS ha bautizado como Ómicron. En la mayoría de los países desarrollados las vacunas han llegado a un alto porcentaje de la población, mientras que en los países dependientes del capital financiero esta cuantía no llega a proteger ni al 10%. Una nueva constatación de que los planes de recolonización contra los pueblos del mundo no pueden sino traducirse en más y mayor miseria, en más y mayor desigualdad. La inseguridad  diaria se ha impuesto como una constante de vida para la mayoría de los seres humanos. El impacto económico y sanitario de la pandemia vuelve a ser un tema de intensa preocupación, y todo el mundo quiere saber qué es lo qué está pasando. El Estado proimperialista de Israel acaba de cerrar sus fronteras a extranjeros durante 14 días, e inmediatamente después Marruecos, cuya monarquía se han convertido en aliada prioritaria del Estado de Israel ha suspendido ya todos los vuelos a su territorio.

En Europa se conoce la llegada de viajeros infectados procedentes de Zimbabue, Botsuana y Sudáfrica…, es decir del corazón mismo del continente más saqueado y explotado del mundo, poblado con 1.300 millones de personas. Los primeros casos de contagio son conocidos ya en Alemania, Dinamarca, Austria…, y también se han dado a conocer en España. En América del Sur ya se han tomado medidas contra el libre tránsito en Brasil y Perú…  Nuevamente, los gobiernos comienzan a adoptar medidas de todo tipo con restricciones de todos los vuelos procedentes de África. Se levantan nuevos cordones sanitarios; una nueva muralla contra las personas, convertida, a su vez, en gran red de salvación con barra libre de financiación de los grandes grupos capitalistas en crisis y descomposición. A los grandes negocios de los señores del dinero, las armas y la guerra, se suman ahora los grandes beneficios especulativos de los dueños de las vacunas.

Grandes negocios para unos pocos con una economía mundial al borde del colapso. Algunas señas y datos nos ayudarán a entender lo que está pasando: meses antes de la alarma que trajo la pandemia, el Banco de Pagos Internacional avisó: “El sobrecalentamiento en el mercado de préstamos apalancados se ha multiplicado allí donde los estándares crediticios se han deteriorado, y las obligaciones de préstamos se han disparado”. Síntoma de que la crisis financiera internacional volvía con toda su violencia sobre un terreno donde se han amontonado las deudas. La crisis financiera de 2008, que nunca se resolvió de forma definitiva, reaparece en forma de la necesidad por el capital de refinanciar de forma ficticia las deudas impagables. Pero la economía real no puede funcionar al margen del deterioro de las condiciones de su financiación.

De forma, que hemos comprobado cómo los Bancos Centrales han saltado a primera línea de la crisis para conceder grandes préstamos a los bancos industriales y comerciales, para que éstos a su vez recapitalicen a las grandes empresas endeudadas hasta los dientes.

Los fondos de inversión más importantes del mundo, como es el caso del Blackstone, que maneja más de 7 billones de dólares, exigió a la Reserva Federal de EEUU que con urgencia procediera a inyectar liquidez en el sistema financiero para evitar una “caída dramática”. La Reserva Federal, con el apoyo de Trump, se lanzó a impulsar un enorme programa monetario de emergencia para salvar la economía de la parálisis, tratando de frenar con medidas antisociales la consiguiente hiperinflación. Nueve billones de dólares fueron introducidos artificialmente en el sistema bancario, lo que representa el 40% del PIB de los EEUU.

 Todos los bancos centrales se lanzaron a lo mismo. Préstamos destinados en muchos casos a pagar deudas ya contraídas. Rescate internacional del capital a costa de los trabajadores y pueblos del mundo que nos trae a la memoria la crisis y rescate de los bancos efectuada en la crisis de las hipotecas que comenzó en 2008 en los EEUU. Mientras las plusvalías de la economía del trabajo disminuyen, asistimos a una verdadera orgía de beneficios capitalistas provocados por las directrices de los bancos centrales buscando beneficios de capital ficticio en el sector financiero. Una auténtica fiebre de hacer dinero sin producción se ha desatado a escala planetaria.

 El caso español es de sobra conocido: la Unión Europea exige al gobierno español que privatice las pensiones, que haga perder poder adquisitivo a las pensiones y los salarios, que acelere la velocidad de la privatización de la sanidad y la educación, para poder recibir los fondos del Banco Central Europeo. Las rentas del trabajo disminuyen, mientras que los beneficios especulativos del capital financiero se multiplican. Planes que no son de recuperación económica, y aún menos de “recuperación justa”, sino de destrucción económica y de regresión social. El poder político y económico se acumula en muy pocas manos en una situación de estado de emergencia permanente. En esta situación volveremos a las calles el día 6 contra la Ley de leyes del régimen de la Monarquía: ¡Por los derechos democráticos y sociales, por un referéndum convocado para que todos podamos decidir sobre la cuestión de cuestiones de la “democracia española”: ¿Monarquía o República?

  • Dec. 2, 2021, 12:21 p.m.

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